Y tus rosas también te escuchaban

Author: | Posted in Al cierre, Personal No comments
Y tus rosas también te escuchaban

Y tus rosas también te escuchaban

 

“Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante.” Antoine de Saint-Exupéry

“Aún tengo esos recuerdos que sin querer hiciste que quedaran en una parte de mí esperando en silencio para algún día vivirlos en tu recuerdo. Cuantos veranos pasamos juntos, a veces en silencio y otras tantas en interminables charlas sobre la sombra de ese hibisco al centro de tu gran jardín y sobre un pasto que nos abrazaba y nos invitaba a mirar ese cielo azul intenso. Nos reíamos y te permitías hablar de todo conmigo. Sé que muchas veces me mirabas y sonreías cuando creías que no te estaba observando. El tiempo se nos detenía, era nuestro. Fui creciendo pero a tu lado siempre fui ese niño que siempre rondaba por tus faldas, a la distancia, pero siempre bajo tu mirada. Sí, crecí pero siempre que llegaba a tu casa el jardín era lo que siempre me tenías reservado y como no afirmarlo sino alcanzaba a saludarte y ya me estabas contando los arreglos del pasto, del ciprés, del hibisco y de las rosas y no alcanzabas a terminar de hablar y entrabas hasta tu habitación a buscar una frazada de lana que colocabas bajo la sombra y comenzábamos a charlar y a ponernos al tanto de todo.

Y tus rosas también te escuchaban. Eran tus compañeras de tardes enteras y de cálidos rayos de sol de primavera y verano al cual les dabas tu amor. Eran tu orgullo, lo sé. Fueron tus fieles damas del silencio cuando esa viaja amiga, la soledad, te visitaba. En silencio les hablabas y ellas te respondías con sus suaves pétalos abiertos mostrándote su agradecimiento por tu amistad y por permitirles formar parte de ese hermoso jardín, de ese jardín que era el reflejo tan sincero y noble de tu persona. Jamás veré un lugar tan hermoso, no porque no exista, sino porque faltará la rosa blanca más bella, tu mi querida y gran abuela. “

La vida a veces se empeña en darnos malos momentos y nos deja grandes heridas acompañadas por un dolor que no es físico, sino más bien, aquel dolor que nace del grito desesperado del alma. Momentos complicados, momentos de incontable tristeza, pero por otra parte, de gran enseñanza y de crecimiento y por sobre todo de mucha gratitud.

Los recuerdos ahora toman distancia de la pena y de a poco van obrando en nuestro ser con pequeños tildes de dulzura y amor. Dicen que así se sanan las heridas del alma. Yo también lo creo.

Querida abuela. Mis recuerdos ahora son de agradecimiento porque me permiten día a día seguir mi tránsito por esta vida y por lo mismo la tristeza que antes cubría mis pensamientos ahora de apoco comienzan a brillar. La vida es una constante melodía con sus sostenidos y bemoles, una obra que tiene la grandeza de componerse con alegrías pero también con tristezas y por sobre todo donde nosotros mismos somos el director a cargo de esta magna sinfonía. La obra debe continuar. Gracias Yolanda por todo lo que entregaste y por lo nada que pediste.

Add Your Comment