Las llaves de tu destino

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Las llaves de tu destino

Las llaves de tu destino

“¡Vamos, vamos! Yo estoy primero, exclamaba una voz a la distancia en alguna parte de ese amplio terreno. ¡No, no y no! Decía otra  voz que murmuraba a regaña dientes mientras muchas de estas exclamaciones  se congregaban en una gran puerta con una cerradura forjada en hierro.

Todos estaban nerviosos. Habían sido convocados en forma masiva como nunca antes había ocurrido. Nadie sabía que estaba pasando. Así es. Siempre era de uno en uno y en casos especiales dos o tres a la vez. Así funcionaba esto. Estaba en las leyes del gran destino. Pero esta vez todo era distinto, ¿todos juntos? Definitivamente algo mal estaba ocurriendo.

Y cuando ya todo era un caos, desde lo más distante de ese terreno se pudo distinguir con claridad quien se acercaba. Sí, era del destino. Enorme e imponente. Caminaba y se habría paso sobre cada uno de estos designados y bajo su mirada cada uno de ellos sentía el desprecio por la tarea no cumplida.

De pronto unos de los esclavos de la conciencia se dirigió hacia los llamados problemas y les anunció la llegada del destino. El silencio fue inmediato. Intimidante por cierto. Y de a uno en uno fueron bajando la mirada mientras que el gran destino llegaba hasta la imponente puerta.

Ahí estaba. Se tomó su tiempo. Contempló por un instante aquella puerta y con un gesto de perplejidad intentó comprender que había pasado. Siguió observando y después de unos segundos giró y quedó mirando a todos esos problemas que tenía en frente. Habló.

  • Ustedes son un problema. Se los envío a él cada cierto tiempo y espero ver, en el camino de la vida, cómo ustedes serán resueltos.

El silencio era abrumador.

  • Siempre lidia con algún par de ustedes. A veces se desespera, así soy yo, el destino, y los sueltos a ustedes, los problemas, para hacer de su caminar un poco más pesado.

Un problema interrumpió.

  • Pero mi señor destino, dueño del andar y devenir de muchos, pero ¿qué podemos hacer? Cada uno de nosotros ha sido enfrentado inteligentemente y muchas veces con sabiduría. No es fácil poder abrir esa puerta.

El destino cerró los ojos y por un segundo intentó comprender lo que quería explicar el problema. Pero así como el anterior habló, todos los problemas fueron dando sus razones y explicando sus fracasos.

¡Silencio!, exclamó el destino y solicitó llamar  frente a él algún esclavo de la conciencia. Y a sus pies fue puesto uno que tímidamente lo miró. Lo contempló un rato y dijo: ¡Explícame!

El esclavo conciencia lo miró y habló.

  • Mi señor. El ha evolucionado. Antes enviabas sus hordas de problemas y él intentaba con los pocos recursos que tenía solucionar cada uno de ellos. ¿Y sabe que pasó con el tiempo? Entendió que muchos de los problemas para resolverlos no era necesario enfrentarlos. Aprendió que cada uno tiene un grado de importancia y un tiempo de solución. También comprendió que muchos problemas no tienen solución por parte de él y que debe aceptarlos, vivir con ellos. Y así fue creciendo. Te asombra aquella puerta de hierro. Pero ¿Sabes por qué esta ahí? Esa puerta fue puesta por la vida y comprendió que las llaves de su historia las tenía el y no tú, el destino. El tiene sus propias llaves para abrir muchas cerraduras. No existe problema que le haga frente. ¿Y sabe? Ahora a los problemas no les teme, no por soberbia, sino porque comprendió que en la vida uno también puede forjar sus propias llaves. El es ahora dueño de esa puerta.

El destino se puso de pie y por el mismo sendero por el cual tránsito en su ingreso se retiró y antes de llegar al final de su camino miró a la conciencia y le dijo: Le has enseñado bien. Ahora la vida le da camino pero recuerda que alguna vez no tendrá alguna llave que permita cerrar esa puerta y espero que como buen cerrajero pueda salir del paso frente a cada uno de mis problemas”

¿Quién no tiene problemas?. Pero ¿Cómo los enfrentas? Mucha gente a veces se ahoga al no saber cómo enfrentar las malas circunstancias que les toca vivir. ¿Y cómo salir? Creo que lo primordial es tener la mente fría, de entender el problema e identificar por dónde se puede abordar ayudados por nuestras experiencias de vida y también por nuestro instinto. Tenemos que entender que muchas veces la solución no pasa por nuestras manos y simplemente debemos transitar con ellos. A eso se refiere el cuento. Cada uno de nosotros debemos ser nuestro propio cerrajero y forjar cada lleve para cerrar o abrir la puerta a los problemas.

Dicen que las personas sabias hacen de un problema una oportunidad y yo creo que son los que  forjan cada llave de las puertas que tienen por delante al cual les toca abrir o cerrar. Como verás, las llaves de tu destino las tienes tú.

“Los hombres no son prisioneros del destino, sino sólo prisioneros de sus propias mentes.” Franklin Roosevelt

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