Camino

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Camino

Un reloj de fondo con su tic tac hace que en la soledad de la habitación donde él se encuentra se colma de recuerdos, algunos tristes, otros alegres y otros que se mezclan en un río que a ratos inundan sus claros ojos. De fondo una radio de antaño, vieja compañera de jornada, intenta desesperadamente susurrarle al oído pero el silencio de aquella sala no permite que nadie escuche. Un silencio que deja de frente al ser humano con su más cruda realidad, con esa que solo la conciencia puede poner de cara y mostrarnos alguna realidad pasada o incompleta pero al fin de cuentas una realidad que se confabula con el destino y se detienen ante uno esperando que una parte de nuestro ser suba al estrado y espere la sentencia de vida.

Se siente abatido. La peor tormenta de su vida estaba causando estragos y la lluvia se mezclaba con sus lágrimas. Esta vez su caída transitó por esos caminos que alguna vez fueron senderos de alegrías y luz. Quizás es el momento de decir adiós, quizás es el momento de partir, sin embargo una pequeña luz en su corazón bastó para producir un desesperado aliento de esperanza, un único impulso hacia el final de su camino. La vida le concedió los segundos que por años nunca usó y pudo decir perdón, pero esta vez, no desde la tristeza sino de la claridad del alma. Un perdón donde habla el corazón, de esa pequeña luz que desde su interior se abrió paso.

Observó y comprendió. Pudo mirar nuevamente sus recuerdos, los cobijó, los atesoró un instante y los alzó al cielo despidiéndolos con un perdón, con un susurro que solo su alma escuchó. Luego sonrió y aquella habitación tan oscura comenzó a aclarar y cuando por fin se encontraba completamente iluminada, dijo gracias, gracias por la oportunidad de disipar la tormenta y de aclarar el final de mi camino.

No somos capaces de escuchar esa voz interior que dice muchas veces (y con justa razón) lo contrario a lo que sentimos y creemos. A veces, no nos damos ni cuenta el largo camino que hemos transitado sin escuchar y cuando menos lo pensamos nos encontramos con la peor de nuestras realidades. No nos hagamos los sordos. No esperemos hasta el final. Si nos equivocamos, hablemos, si nos hirieron, hablemos, si nos ofendieron, hablemos. Está en cada uno de nosotros hacer de nuestro camino un lugar grato de transitar.  ¿Cuántos hechos podríamos haber evitado en entristecer a esas personas que están a nuestro lado si tan solo nos hubiésemos dado un segundo en escuchar esa campanita en nuestro interior?

Una vez leí: “No esperes hasta el final de tu camino para pagar tus deudas, sáldalas mientras caminas”.

Así es la vida. Tarde o temprano te pasará la cuenta.

¿Y tú, cómo vas en tu camino?

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