Cambia en tu camino

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Cambia en tu camino

Cambia en tu camino

“… – ¡hay viejo testarudo! – le susurraba a los oídos una voz que en más de una ocasión escuchó en su vida. Era una voz suave, relajada y era capaz de estremecer su ser en los ratos que su mente se pausaba por la tormenta desatada en su interior.

– Sigues apegado en tu andar siempre con la misma maleta de viaje. ¿La has revisado? creo que sí, se ve más pesada que la vez anterior en que decidiste abrirla. Por lo que veo siempre te las arreglas para hacer un espacio más y seguir guardando tus cosas.

– ¿Y qué te importa a ti? ¡Son mis cosas, son de mi pertenencia!

– Sí, sí, sí, siempre lo han sido y como las atesoras, como las llevas a todas partes como si ese tesoro que tanto proteges alguien quisiera arrebatártelo .

– No entiendes ¡NADA!

– Es verdad, no entiendo, no logro poder entender cómo alguien decide guardar todo aquello que no es bueno, todo eso que hace daño y que ahora pese a que te perturba su carga decides aún no soltarlas, dejarlas ir. ¿No es demasiado el peso que llevas en tu maleta? A caso ¿no puedes viajar más ligero?

– Son mis cosas, así me forjé, así me hice lo que soy.

– Interesante. Ahora en tu andar es tanto el peso que llevas que prefieres salirte del camino para descansar pero incluso esto es tan difícil de hacerlo que quedas a merced de todos los que pasan y que te miran desde tu desgracia con pena, algunos con sarcasmos y otros tantos te miran bajo la brisa de la pena.

– ¡Es así mi vida!

-¿Vida? como lo dices parece ser mucho mejor la muerte. Quizás llevas esa maleta para atrasar el final, ese final que todos saben que algún día va a llegar y como siempre será implacable.

– ¡Cállate! no tienes idea lo que es mi vida y lo que he tenido que pasar. Soy lo que soy porque así me fui haciendo ¿no lo entiendes? Son mis cosas y en ellas estoy yo.

– ¿Y qué va a ocurrir cuando a tu maleta no le quepan más cosas?. ¡Vaya que eres testarudo! a tu edad y con tremenda carga al hombro. ¿Has pensado lo que guardas? Te empeñas ciegamente en seguir usando lo mismo que un principio funcionó pero ahora está obsoleto e intentas en tu andar que todo el que te acompañe se aferre a tus cosas, a tus tesoros, haciendo de ellos la ayuda para soportar tu propia carga, tu propia maleta.

– No es fácil cambiar las cosas. ¿Tú crees que no quiero cambiar todo esto?, ¡cuesta, es una vida!

– ¿Y tú crees que tu caminar en más fácil?. ¿Has pensado que en tu caminar siempre vas a tropiezos? ¿Has vistos a los que han transitado contigo en tu camino y han intentado alivianar tu maleta? ¿Sabes cómo te han querido a ti pero al final sigues queriendo más a tu vieja maleta?.

– Ya estoy viejo, no hay nada que pueda hacer. Años intentando, años queriendo sacar cosas de esa maleta que me fue imposible y fue más fácil llevar su peso, al final, te acostumbras y la sientes tan parte de ti que logras hasta respirarla. Es un vicio, un mal que se arraiga en tu ser y que te disfruta en tu pesar. No tienes idea del peso que esa maleta tiene. Nunca lo entenderás.

– Quizás no lo entienda,  pero si te puedo decir que el peso de esa maleta se lo das tu. No importa lo que en su interior has cargado porque el verdadero valor de cada una de esas cosas lo has puesto tu. Cada esfuerzo por conservarlo te ha ido pasando la cuenta con el tiempo porque los años no pasan en vano. Pero el peso que le has dado va más allá de la carga que tienes que soportar. ¿Has pensado en tus seres queridos? ¿Has visto, en esas personas que dices querer, cómo han intentado abrir tu equipaje y dejar de lado lo que no sirve?

– Lo sé, lo sé, pero son años….entiende por favor, no es fácil.

– Es más fácil de lo que piensas liberar ese peso, tan fácil es que en todos estos años no lo has querido hacer justamente por su simpleza, justamente porque te empeñas en aferrarte hasta el final de algo que ya no te sirve. ¡Deséchalo!

– ¿Y luego qué?. ¿Crees que no lo he pensado?.  ¿Y si algo sale mal, si no funciona? ¡Claro que es fácil decir para ti “hazlo”, “suelta esa carga”, “Haz esto, haz esto otro”!.

– Tu andar está por llegar al final de tu camino. En ti está el querer hacer más simple tu último tramo. Piénsalo. Vacía tu maleta, deja las cosas atrás y cárgalas nuevamente con nuevas cosas, con nuevos tesoros y llega al final de tu camino con la simple tranquilidad de decir “lo logré” sin ese peso que recae en mi, tu conciencia. Viaje liviano mi querido amigo.”

A veces estamos tan empeñados en hacer las cosas de una manera que pensamos que siempre va a funcionar correctamente. Pero esto no siempre es así. Lo que funcionó durante un tiempo no es garantía que en un tiempo futuro nos va a servir nuevamente. Los tiempos cambian y las personas también y a veces olvidamos que lo que hacíamos en un pasado no está a la altura de los nuevos acontecimientos. Muchas veces nos apegamos a lo que hacíamos porque creemos (muchas veces por miedo a lo nuevo) que igual no servirá e insistimos en ello sin darnos cuenta y muchas veces complicando innecesariamente a los que tenemos a nuestro lado.

Lo peor que nos puede pasar es aferrarnos a nuestras ideas sin entender que estás también evolucionan y que tarde o temprano lo que creíamos que podíamos hacer ya se nos hace más complicado. Guardar estos pensamientos como armas de futuro es una carga muy pesada en nuestra maleta de vida. Hay que crecer y despojarse de aquello que ya utilizamos y que ahora nos sobra.

“Dentro de veinte años te arrepentirás más de las cosas que no hiciste que de las que llegaste a hacer. Por lo tanto, ya puedes levar el ancla. Abandona este puerto. Hincha las velas con el viento del cambio. Explora. Sueña. Descubre.” Marc Twain

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